‘CHILD’S PLAY’ (REMAKE) | ¿VALE LA PENA?

Desde que se anunció el inminente remake de Childs Play. los fanáticos y conocedores del horror fruncimos el ceño y cruzamos los brazos ante esto. Esa es una de las películas con las cuales la industria no se puede meter. Se empezaron a añadir los elementos a la producción que no producían ningún tipo de emoción ni un cambio de opinión en cuanto a esta adaptación repotenciada del clásico dirigido por Tom Holland. Lo llamaron remake, reboot, “reimagine”, y hasta nueva visión y todavía a nadie emocionaba. Cuando se reveló el trailer, se terminó por sepultar la producción. Pero, tal vez, no es tan repugnante como esperábamos.

La historia del pequeño Andy Barclay (interpretada por Alex Vincent) se convirtió en un clásico, tanto por sus efectos especiales como la historia de un muñeco manipulado por el estrangulador Charles Lee Ray. Más de treinta años después se estrena el remake, producido por Seth Grahame-Smith (a quien le debemos It, 2017) y dirigido por Lars Klevberg (Polaroid) adaptado a esta época, con Andy conviviendo con un muñeco que puede manipular todos los artefactos del hogar y dejando de lado al memorable psicópata Charles Lee Ray de la versión original.

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Al lanzar un remake es inevitable hacer las comparaciones de rigor. Sobre todo si es que es un clásico que el público recuerda con mucho cariño. Y sucedió lo que se veía venir y lo que todos temían: pese a todas sus novedades, Chucky ya no da tanto miedo como antes. Y lo dejó ver en los momentos de “tensión”, ya que en lugar de provocar miedo, la sala de cine me recordó por un instante la escena del balde de sangre de Carrie: todos nos quedamos en silencio y no dábamos crédito a lo que estábamos viendo, hasta que las risas rompieron con esa incómoda situación.

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En lo relacionado al humor, es un humor a diferencia de la saga original, más basada en lo irónico con ciertos toques de humor negro. De hecho, este es su punto fuerte, me explico, jamás pensé que llegaría a empatizar con Buddi y, damas y caballeros, empatice y mucho, hasta el punto de sentir verdadera pena en algunos momentos del metraje por esa pequeña (y tecnológica) cosita fea. Creo que éste es otro punto a su favor de la nueva versión de Lars Klevberg y lo que la hace radicalmente diferente a todo lo que esperábamos de ella. En este caso el Chucky 2.0 deja de tener el trasfondo oscuro y misterioso para presentar un híbrido cómico, que termina con toda la maldad de Chucky y la convierte en carcajadas en lugar de sustos, algo que nos hará perdonar lo mal hecha que está la película, y sobrellevar este auténtico entretenimiento de mal gusto.

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Para quienes amamos la versión original, esta nueva adaptación no tiene ningún tipo de valor. Simplemente se siente como una película “de contrato” y como una tarea que se hace sin inspiración alguna y con un sentido totalmente desviado de lo normal. Esta película es mas recomendada al público millennial, sobre todo si les gusta el cine de sátira y humor con elementos de terror.


¿VALE LA PENA?

En conclusión, es tan mala que llega a ser divertida para ser “un gusto culposo” para muchos de nosotros. Evoca ese lado horror comedy de varios proyectos ochenteros como Killers Klowns from Outer Space. Aquí está una película que todo espectador se puede dar cuenta de que pudo haber sido mejor. Mucho mejor…


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