‘LOS MUERTOS NO MUEREN’ | ¿VALE LA PENA?

Bill Murray, Tilda Swinton, Adam Driver, Selena Gomez, Chloe Sevigny y hasta el legendario Iggy Pop forman parte del título zombie escrito y dirigido por Jim Jarmusch, el cual inauguró el pasado Festival de Cine de Cannes.

¿DE QUÉ VA?

La historia de Los Muertos no Mueren (The Dead Don’t Die) gira alrededor de tres oficiales de policía que deben resguardar su pequeña ciudad, ubicada en el corazón de los Estados Unidos, de los zombis que poco a poco comienzan a levantarse de sus tumbas.

Jim Jarmusch, a lo largo de casi cuatro décadas, que se dice pronto, ha ido rodando películas al margen de las modas. Las ha hecho muy buenas, menos buenas, interesantes… ha habido de todo pero siempre dentro de cierta calidad. Ahora con Los Muertos no Mueren la ha cagado hasta el fondo al crear una película perezosa y sin vida.

UN ELENCO EXCESIVO

El principal atractivo de Los Muertos no Mueren es también lo más decepcionante: su ambicioso y desaprovechado elenco. Mientras en algunos casos se tratan de simples “cameos” como son los casos de Iggy Pop, Carol Kane (Hester Street) o Rosie Pérez (Fearless) otros son inútiles para el desarrollo de la historia como RZA y Selena Gomez, que descaradamente se ve que forman parte de la película para atraer a un público más joven. Hasta llegar a nuestros protagonistas Bill Murray, Adam Driver y Chloë Sevigny, que tras ser nominados al Oscar nos ofrecen su actuación más desganada y olvidable dando más desaciertos que aciertos.

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En el caso de la ganadora del Oscar, Tilda Swinton, es frustrante saber que puede dar más, y termina siendo una dueña de funeraria, ninja, budista, espía, que en último momento es un personaje tan fuera de lo común que termina siendo de otro planeta ¡literal! se la llevan seres de otro planeta… ¿¡que chingados!?

EL GRAN MENSAJE

La película de Jarmusch hila más en materia política y existencialistas, que en el terror zombie. En ella, los muertos vivientes que de pronto han despertado en la tranquila villa de Centerville se pirran por hacerse con un móvil, un juguete o una barra de Snickers; que vagan por las calles pidiendo “wifi, wifi”, una Pepsi o, en casos de mayor austeridad como los del zombie Iggy Pop, su compañera y algún que otro viejo rockero, se conforman con una guitarra o “café, café”, todo eso para darnos un discurso social que va desde el racismo, el consumismo, la presidencia de Donald Trump y hasta el cambio climático.

Pero, su “brillante” denuncia social llega en los últimos minutos de la película, siendo totalmente olvidable. Para ese momento el espectador está hasta el puto coño, gracias a su humor falto de gracia, sus giros estúpidos y sobre todo a la repetición del tema The Dead don’t Die de Sturgill Simpson.

En definitiva, Los Muertos no Mueren no debe engañarnos. No es una película en la que nos divertiremos viendo como matan a zombies ni tampoco tiene un guión sólido como para disfrutarla. Es, sencillamente, una extravagancia hollywoodense que odias o no te gusta.

LO BUENO

Desde luego, Los Muertos no Mueren tiene sus momentos. El largometraje está plagado de citas a películas de todos los géneros, desde Nosferatu hasta La guerra de las galaxias pasando por Encuentros en la Tercera Fase o El señor de los anillos. Y hay una mención explícita a George Romero, el realizador neoyorquino fallecido hace dos años a quien se debe el arquetipo actual de los zombis en el cine y su utilización como vehículo de crítica social.


¿VALE LA PENA?

No funciona ni como película de género, ni como parodia del mismo, ni como ejercicio de crítica social, ni como experimento indie, ni como comedia alternativa, ni siquiera como comedia accidental. Los Muertos no Mueren es el claro ejemplo de que hasta en los festivales de cine más respetables también se llegan a proyectar (e incluso aplaudir) mierda pura como esta.

Calificación: 1.5

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