‘GINGER SNAPS’, EL ÚLTIMO “GRAN PUDRETE’ DEL TERROR ADOLESCENTE

En plena oleada que dejaba el cine de terror de la década de los noventas, con películas como Scream, Jawbreaker e I know what you did last Summer, el año 2000 se vio marcado por un título canadiense que se convertiría en objeto de culto que sería la carta de presentación para Katharine Isabelle en el género que la abrazaría en toda su carrera.

En enero de 1995, Fawcett sabía que quería hacer una película de metamorfosis y una película de terror. También sabía que quería trabajar con chicas jóvenes. Fawcett habló con la guionista Karen Walton, que fue inicialmente reacia a escribir el guión debido a la reputación del género de terror para los personajes débiles, pobre narración, y una imagen negativa de las mujeres. Sin embargo, Fawcett convenció a Walton de que esta película reinterpretaría el género.

Ginger Snaps se estrenó en el Munich Fantasy Filmfest en agosto de 2000. El mes siguiente, se presentó en el Festival Internacional de Cine de Toronto de 2000, donde recibió brevemente la atención de los medios tras el boca a boca positivo que había acumulado desde Múnich. La alabanza se centró en la calidad de la actuación de los dos protagonistas, que recuerda la terrible transformación de Cronenberg, el uso de la licantropía como una metáfora de la pubertad, y el humor negro.

El tema de la licantropía ha sido tratado hasta la saciedad, con grandes exponentes como John Landis y Joe Dante, y ha dado pie a todo tipo de películas (terroríficas, cómicas…). Por ello parecía bastante improbable que a estas alturas se pudiese hacer una cinta con algo original o interesante que contar. Pero John Fawcett lo ha conseguido. Convirtiéndose en una pequeña joya, junto a May de Lucky Mckee, al alejarse de los remakes, la influencia asiática y todos aquellos arquetipos que regían al cine de terror a principios de la década.

Debido a que la licantropía película se enlaza a la menstruación y que tiene dos hermanas, Ginger Snaps se presta a una crítica feminista. La erudita feminista Bianca Nielsen escribió: «Al representar simultáneamente los vínculos femeninos como importantes y plagados de dificultades, Ginger Snaps retrata el doble vínculo que enfrentan las adolescentes». y «Ginger es una encarnación de estos binarios imposibles: es a la vez sexualmente atractiva y monstruosa, natural y sobrenatural, humana y animal, ‘femenina’ y transgresora, una hermana y una rival».

Ginger Snaps es sin duda una película de su época, los 2000s, cuando la generación X ya estaba dando paso a una nueva juventud más torturada y al mismo tiempo extrañamente autoconsciente de todo lo que tiene alrededor, lo que hacía que fueran aún más extremos en su forma de ver las cosas. Y también fue una época de terrible cine de terror que solo se salva por ocasionales películas profundas o autoconscientes de su hipérbole.


Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: