‘PENINSULA’ (TRAIN TO BUSAN 2) | CRÍTICA

En 2016 sucedió algo histórico para la industria cinematográfica de Corea del Sur, Train to Busan de Yeon Sang-ho se convirtió en la primera película surcoreana en romper récord en taquilla con más de 10 millones de espectadores. Hoy, cuatro años después y en plena pandemia de coronavirus, llega por fin llega la esperada Peninsula: Train to Busan 2.

Sinopsis: Cuatro años después de la epidemia zombie, Corea sigue infestada de monstruos y el soldado Jung-seok, que escapó del país, se ve obligado a regresar a Seúl para recuperar un objeto valioso. Allí descubre que hay, todavía, personas sanas en la ciudad.


UNA DIGNA CONTINUACIÓN A LA TRILOGÍA

Peninsula es una de las películas más injustamente atacadas. Puede que no tenga el factor sorpresa de su antecesora ni esa tensión opresiva de viajar desde la estación de Seúl a Busan rodeado de zombies, pero en ningún momento Yeon Sang-ho pretende hacer una calca de Train to Busan o Seoul Station.

Ahora la temática se centra en la acción post apocalíptica, algo parecido al cine hollywoodense, pero sin perder el contexto social que tanto caracteriza al cine oriental; algo que la hace superior a la mierda de la saga de Resident Evil, con la cual se le ha comparado hasta el cansancio. Así que tenemos drama y acción. Todo eso es genial y divertido, pero habrás notado que hasta ahora se ha hablado poco de los zombis. Y aunque Península se anuncia como una película de terror, se trata de personas inmersas en un mundo lleno de egoísmo, xenofobia, culpa y avaricia, donde los individuos que menos tienen siguen tratados como escoria.

En conclusión, Península es un muy buen cierre a esta trilogía tan particular, donde cada pieza es un elemento diferente pero igualmente atractivo.

 

Calificación: ★★★


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