CRÍTICAS

‘LIMONADA’ | ¿VALE LA PENA?

Las razones que llevan a las personas a convertirse en migrantes son la marcadas desigualdades económicas y de oportunidades, la pobreza y las dificultades para acceder a condiciones de vida digna, la violencia ocasionada por la delincuencia organizada, así como las violaciones a los derechos humanos de los países de donde provienen. En particular, el pensamiento de que a donde van no puede ser peor y el famoso american dream sigue atrayendo a los migrantes, quienes no se intimidan ante la dura política del presidente de EU. El resultado final de estas historias es bien conocido, cada vez menos lo logran, otros son deportados y, en el peor de los casos, pierden la vida.

Muchos inmigrantes dejan todo atrás y se arriesgan en busca de una vida mejor. Esa realidad la retrata Lemonade (Limonada) de Ioana Uricaru, una obra que sigue a Mara (Mălina Manovici), una enfermera de Rumania, que esta esperando obtener su tarjeta de residencia. El proceso se complica y Mara descubre que ese sueño que había imaginado está muy lejos de hacerse realidad.

Hablar sobre migración en estos tiempos es complejo, como lo es hablar de casi cualquier tema; sobre todo porque pareciera que vivimos en una época en donde los extremos son quienes imperan en las mentes e ideas humanas. Por fortuna la película ofrece un punto de vista muy personal, por parte de su directora, de origen rumano, que ha volcado su propia experiencia al respecto en su obra.

Uricaru refleja bastante bien lo que sufren todas estas personas que tienen que abandonar su tierra natal y llegar a un país donde la sociedad es bastante xenófoba. La película transmite una fuerza especial, el espectador sufre con la protagonista y con todo lo que le va sucediendo, pero de una manera moderada, sin convertir la historia en un episodio de Lo que Callamos las Mujeres (o el culebrón más exagerado de tu región).


¿VALE LA PENA?

En definitiva estamos ante un drama actual, crudo y desgarrador con una protesta socio-política completamente humana, y universal, que demuestra que no solo de este lado del charco se busca el american dream. Esta ópera prima, aparte de dejarnos un sabor amargo (en buen plan), nos ofrece un gran debut tanto de su directora como de su protagonista, que es capaz de transmitir la vulnerabilidad exacta que exige el papel… realmente espero ver a ambas en la próxima temporada de premios, porque se lo merecen.

Sí que es cierto que el final de Lemonade no es del agrado de todos, piensen en cualquier escenario, sea el más trágico o el más optimista, es abierto, pero se que la esperanza sigue presente. Y a veces eso es lo que nos mantiene en el juego.


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