LAS OBRAS MÁS EMBLEMÁTICAS DEL MUSEO DEL PRADO

Son ya 200 años desde que la monarquía española comenzará a reunir su arte más excelso en un recinto capaz de mostrar el patrimonio cultural de la Corona y la grandiosidad estética del Imperio en su capital, Madrid. Hoy, el Museo Nacional del Prado se mantiene como uno de los más importantes y visitados del mundo, gracias a un acervo que presume los gustos más selectos de la clase gobernante y obras íntimamente ligadas a la historia hispánica.

El Museo Nacional del Prado abrió por primera vez al público un 19 de noviembre de 1819, cuando su catálogo constaba tan solo de 311 obras. Hoy su valor histórico y cultural es incalculable. Es muy difícil escoger solamente 10 piezas representativas de la colección del Museo del Prado, teniendo en cuenta que alberga más de 35,000 objetos, pero sin duda estas obras son las que más enigmas y admiraciones que han causado a sus más de 3 millones de visitantes anuales.


‘SATURNO DEVORANDO A SU HIJO’
DE FRANCISCO DE GOYA, 1819 – 1923

Las pinturas negras son 14 obras de Goya llamadas así por usar pigmentos oscuros, pero también por sus temáticas sombrías. Y para sombría, esta escena de infanticidio/canibalismo en la que el dios Saturno (Crono), el padre de Júpiter (Zeus), se zampa a uno de sus hijos pues tenía el temor de que estos lo destronaron en el futuro (como con su padre Urano, al que además castró con su hoz).

‘LAS MENINAS’
DE DIEGO VELÁZQUEZ, 1656

Es mucho más que un simple cuadro. Es una de las obras de arte más estudiadas de la historia y aún así, no todos los historiadores están de acuerdo en su significado. Espejos, cuadros dentro de cuadros, gente que mira a los ojos al espectador… Los secretos que oculta este lienzo de figuras a tamaño natural son casi tan fascinantes como su asombrosa técnica.

‘EL JARDÍN DE LAS DELICIAS’
EL BOSCO, 1503 – 1515

El Jardín de las Delicias es la obra más emblemática y enigmática de El Bosco, pintor flamenco. Se trata de un tríptico pintado al óleo sobre madera de roble. Cuando permanece cerrado, contemplamos dos paneles en que se representa el tercer día de la creación. Al abrirlo, los tres paneles interiores representan el paraíso, la vida terrenal (el jardín de las delicias) y el infierno. Su manera de representar estos temas ha sido objeto de toda clase de controversias.

‘DOÑA JUANA LA LOCA’
DE FRANCISCO PRADILLA, 1877

La obra nos muestra una de las etapas del escabroso viaje que protagonizó la reina Juana I de Castilla junto al féretro de su difunto esposo Felipe I de Habsburgo, llamado el Hermoso, desde la Cartuja de Miraflores en Burgos, hasta la Catedral de Granada, donde iba a ser enterrado. Según una anécdota popular, en un momento del trayecto, la comitiva realizó un alto en el camino para pasar la noche al cobijo de un monasterio cercano, pero la reina Juana al enterarse que se trataba de un cenobio femenino, prefirió pasar la noche a la intemperie que ver a su marido rodeado por mujeres, aunque estas fuesen monjas. Ese preciso instante escoge Pradilla para plasmarlo en el lienzo, pues ejemplifica claramente los rasgos que tradicionalmente se han atribuido a doña Juana: amor ciego, pasión, celos.

‘DAVID VENCEDOR DE GOLIAT’
DE MICHELANGELO MERISI CARAVAGGIO, 1599

En esta obra Caravaggio da un paso más hacia el tenebrismo puro. El fondo es liso, casi negro, en contra de la lógica de la anécdota que sucede durante el día. Narra la historia bíblica de David contra Goliath. David acepta el desafío de Goliat y le vence con la honda, después se acerca, saca la espada del gigante y lo decapita. Caravaggio elige el momento en que el joven está atando la cabeza con un cordel para llevarla a las espaldas. Este momento no está en la Biblia sino que es una invención del artista.

‘EL TRIUNFO DE LA MUERTE’
DE PIETER BRUEGEL EL VIEJO, 1562

No importa cuántas veces se pare alguien frente a El Triunfo de la Muerte, siempre encontrará algún detalle nuevo. Un niño en brazos de una mujer muerta, un perro famélico olfateando, un hombre tratando de salir del agua y un esqueleto aferrado a su pierna derecha para que no consiga hacerlo… En el cuadro del pintor flamenco, la fiesta macabra de la parca se desparrama sobre una aldea y parece que nadie saldrá vivo: ni ricos, ni pobres, ni religiosos, ni siquiera los amantes que se apartan en una esquina pero que no consiguen escapar de la mirada jocosa de un esqueleto que se mofa de ellos.

‘EL 3 DE MAYO EN MADRID’
DE FRANCISCO DE GOYA, 1814

La pintura es una de las primeras de este tipo. No tiene ningún precedente en las pinturas de guerra y es reconocida como una de las primeras obras del arte contemporáneo. Con esta obra, Goya se convierte además en el precedente de dos estilos de ese mismo siglo: el impresionismo y el romanticismo.

‘LA MAJA DESNUDA’
DE FRANCISCO DE GOYA, 1797 – 1800

La Maja Desnuda es una de las obras más características de Goya y uno de los desnudos más famosos de la historia de la pintura mundial, hasta el punto de que se encuentra vinculada por parte de críticos e historiadores del arte a otros artistas de la talla de Rubens, Tiziano, Botticelli o, incluso, Velázquez. Pero más allá del cuadro, de la obra de este genial pintor español, existe una incógnita sobre la identidad de la modelo, aderezada además por una serie de avatares y vicisitudes que han dotado a esta obra de Goya de cierta aura de misterio que hace de La Maja Desnuda una obra más interesante aún si cabe de lo que es.

‘EL CABALLERO DE LA MANO EN EL PECHO’
DE EL GRECO, 1580

Como Doménikos Theotokópoulos era un poco difícil de pronunciar los españoles llamaron directamente El Greco. Pues El Greco realizó uno de los retratos más sublimes y maravillosos de la historia del arte, este misterioso caballero de la mano en el pecho, casi un estereotipo de hidalgo de la época, con la vestimenta típica del siglo de oro, armado con espada demostrando que es efectivamente un caballero, y haciendo lo que parece ser un juramento, siendo nosotros, espectadores, los testigos.

‘LA MESA DE LOS PECADOS CAPITALES’
EL BOSCO, 1505 – 1510

La Mesa de los Siete Pecado Capitales es una de las obras más originales del momento por su configuración. Pintada en óleo sobre tabla la obra está diseñada de manera circular como si de una gran mesa se tratase y en ella se representan con gran realismo los siete pecados capitales.

‘LAS TRES GRACIAS’
DE PEDRO PABLO RUBENS, 1630 – 1635

Las Tres Gracias destacan por la ampulosidad de sus contornos. Rubens era un verdadero maestro en representar las carnes, que parecen vivas y palpitantes. Se cuenta que una de las gracias podría ser la segunda mujer del pintor, Helena Fourment. En esa época Rubens tenía 53 años y se casó con una de 16, así que estaba viviendo una segunda juventud, de ahí un tema tan primaveral y sensual.

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