‘ALIVE’ | ¿VALE LA PENA?

Un hombre y una mujer gravemente heridos despiertan en lo que parece ser un sanatorio. Pronto descubrirán que el sádico hombre que cuida de ellos es el único con la llave a su libertad, así como el poseedor de las horrendas respuestas de su verdadera identidad.

Hacía tiempo que no sentía tantísima tensión en una sala de cine. Partiendo de una premisa a priori sencilla, la película genera un ambiente malsano, de tensión y agobiante en donde sus tres protagonistas brillan siendo quizás un Angus Macfadyen que brinda (otra vez más) una genial actuación, pero sobretodo un inconmensurable Camille Stopps que lleva los gritos, muy alejado a las actrices actuales de películas de horror, recordando la potencia de los pulmones de scream queens como Adrienne King o Marilyn Burns.

Desde el arranque se revela como una película que no oculta un as en la manga, sino un centenar. El ritmo puede ser un poco lento en la primera mitad sólo para añadir más y más tensión, enganchando al público y metiéndolos en la película como si fueran una de las personas dentro de ese tétrico hospital.

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That's a wrap.

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La historia es tan reducida como genialmente tramposa, con giros y vueltas de tuerca que son inteligentes en lugar de vacías o efectistas sin más. Es uno de esos guiones que hacen remover las neuronas todo el tiempo. El final es alucinante. Literalmente. Incluso cuando sucumbe a la acción y polémicos movimientos, la película acaba con una nota sombría y alta, suficiente como para rogar otra película más sobre todo si es tan buena como ésta. Estamos ante la mejor película de terror del 2019.

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#grrrmondays

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¿VALE LA PENA?

Alive es una genialidad en estado puro, una obra maestra del entretenimiento y el estilo, surgida literalmente de la nada. La cinta, dirigida por el canadiense Rob Grant, nos ofrece con muy pocos elementos la capacidad de atraparnos y poner nuestro corazón en un vilo durante todo el metraje. El relato bien podría considerarse una especie de Misery del siglo XXI, con no menos referencias a Hitchcock, Rod Serling y Stephen King. Su mejor virtud es la capacidad que tiene para exprimir al máximo a su trío protagonista hasta que no da más de sí, y recordándonos, constantemente, que el dolor nos hace sentir vivos.


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